Francisco Torres M.
Secretario de Relaciones Internacionales
FECODE
Ahora que Colombia ha bajado en el escalafón de los países
que presentaron las pruebas PISA casi hasta salirse de la tabla, Santos y su
ministra de educación se hacen los de las gafas con respecto a su
responsabilidad ante tamaño desastre y los grandes medios de comunicación y los
monopolios le echan la culpa a los mismo presuntos culpables de siempre, los
maestros; es buena la ocasión para dilucidar algunos misterios de la política
educativa imperante en esta afligida nación.
Resulta que después de doce años de haber impuesto a la brava
una reforma constitucional para reducir la inversión en educación, de haber
modificado toda la legislación educativa, de haber cambiado radicalmente el
estatuto laboral de los educadores; doce años después, las pruebas, estas y las
demás que se han hecho y la realidad que palpan a diario padres de familia,
estudiantes y profesores, claman a todos los decibeles posibles que la tal
reforma que hizo Pastrana secundado por su ministro de Hacienda, el doctor
Santos –sí, este mismo que nos gobierno y quiere reelegirse-, que fue
continuada implacablemente por el gobierno Uribe –con el apoyo de cierto
personaje desde el Ministerio de Defensa- y llevada a su culmen por el señor Juan
Manuel Santos como presidente es un fracaso inocultable.
Pero pese a todas las evidencias que dicen que es perverso
amontonar estudiantes en las aulas –muchas de las cuales están a punto de
caerse-, de acabar con la educación técnica, de demoler la educación
preescolar, de someter a los maestros a extenuantes jornadas con exangües
salarios, de mantener sin recato ni pudor el engendro de la promoción
automática, de negarse a la jornada única porque cuesta plata para
construcciones escolares y salarios de maestros; de… se le acaba a uno el papel
y la saliva para nombrar los horrores gubernamentales contra la educación. Sí,
de convertir a la educación en un vil negocio. Pese a todo ello perseveran en
su infame política educativa.
Y, con toda la naturalidad que les adorna, dicen lo que
siempre han dicho: la culpa es de los maestros. Es que los detentadores del
poder encabezados por el monarca de la hora, el señor Santos, son así, siempre
encuentran a alguien a quien endosarle sus culpas: el invierno, el verano, las
fallas geológicas, los agitadores profesionales y los maestros. Pero resulta
que, como todo mentiroso inveterado, terminan enredándose en sus trampas.
Porque pasan cosas absurdas: someten a los aspirantes a un
cargo docente a una prueba hecha a la medida de las posiciones filosóficas,
epistemológicas, educativas, pedagógicas y sicológicas del Gobierno y sus
mandamases del norte. Y entre los cientos de miles que las presentan pasan los
suficientes para llenar las plazas vacantes ¿son idóneos para lo que exige el
gobierno? Por supuesto. Y sin embargo, cuando estos mismos maestros van a
presentar los exámenes de ascenso se rajan en masa e igualmente se rajan en
masa sus estudiantes en las pruebas SABER y PISA ¿Qué pasó? ¿Se volvieron malos
los buenos? ¿Los exámenes están mal diseñados? ¿La política educativa, su
política educativa, es mala? De eso no dice nada la ministra de la sonrisa
florida ni mucho menos el presidente en trance de parir reelección.
Agreguemos que las dichosas pruebas PISA que los neoliberales
aceptan como la verdad revelada en razón a que viene de la OCDE, a la cual el
doctor Santos nos quieren uncir como bueyes al arado, están bajo sospecha
mundial. Pero su análisis lo dejamos para un artículo posterior. Por ahora baste decir que no podrá eludir el
Gobierno del doctor Santos las incómodas preguntas sobre para que sirve una
política educativa que lleva doce años, mucho tiempo para que sus resultados
sean cada día peores.

1 comentarios:
Si las pruebas están bajo sospecha, debemos creer que sus resultados son prueba del fracaso de la política educativa del gobierno?
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