Buenas noches. Les agradecemos por acompañarnos en esta primera
conmemoración de la muerte de Francisco Mosquera en la casa del Polo
Democrático Alternativo y poder resaltar la vida y obra del fundador e ideólogo
del MOIR, tendencia comprometida con los postulados programáticos y los
esfuerzos de organización y funcionamiento de nuestro partido, el Polo
Democrático Alternativo.
Nos convocamos a este sencillo acto en medio del resquebrajamiento
de la nación. Es alarmante la cantidad de los TLC en aplicación y en trámite; la
exorbitante deuda externa supera los ochenta mil millones de dólares; Santos
otorga dadivosas gabelas a las trasnacionales para que saqueen los recursos
naturales y exploten el mercado interno de bienes y servicios, imponiendo
además un brutal abaratamiento de la mano de obra. Y, como si fuera poco, el
país ha conocido con repulsa la escandalosa complicidad del gobierno en la
apropiación ilegal de baldíos por parte de multinacionales y grandes grupos
económicos nacionales, denunciada por nuestros parlamentarios Jorge Robledo y
Wilson Arias. Colombia padece los rigores del aniquilamiento de su raquítico
aparato productivo industrial y agrario; sigue la destrucción del trabajo
nacional, que lleva al empobrecimiento extremo del pueblo, como también la
depredación de sus recursos y la degradación del medio ambiente en escalas sin
antecedentes; el Estado se desprende de sus obligaciones con la sociedad
privatizando la salud, la educación, la justicia y los servicios públicos
domiciliarios. Durante veinte largos años hemos sufrido todas las consecuencias
de las políticas imperialistas de libre comercio y neoliberalismo, aplicadas por
unos gobiernos obsecuentes con el capital financiero internacional y en contra
de los intereses de los colombianos. Nos gobierna una panda que ha ligado su
suerte a los intereses del capital extranjero, según la frase acertadamente
acuñada por el senador Jorge Enrique Robledo.
En mayo de 1990, Francisco Mosquera advertía sobre esta grave
situación: “La humanidad se precipita hacia una guerra económica de
extensión y proporciones no observadas desde los tiempos en que el trabajo
forjó sobre la Tierra las primeras mercancías y el primer intercambio de éstas;
unas colosales disputas que cobijarán a todos los continentes y a todas las
razas, pero cuyos principales autores no serán ya exclusivamente las dos
grandes potencias, Estados Unidos y la URSS, sino que contarán también con la activa
presencia de Europa y el Japón. El mundo dividido por dos se ha dividido por
cuatro, y quizás se partiría en cinco, si China, con más de mil millones de
seres, se acercara por su cuenta y riesgo al teatro de unos enfrentamientos hasta
el presente ‘pacíficos’, pero que cualquier desajuste en el complicado
equilibrio bien podría encenderlos. Los planteamientos de que, para salir del
atraso y la pobreza, Colombia debe tomar parte resueltamente en el actual
proceso de internacionalización de la economía, y sobre los cuales tanto se
especula, son apenas ecos ideológicos de las agrias contiendas que libran las
metrópolis por el control de los mercados. A la par que pregonan la apertura
para los países que giran en su órbita, los bloques imperialistas practican
entre ellos el proteccionismo. Y ésta es la doble conducta que mantienen los
consorcios estadounidenses en sus relaciones con nosotros y el resto de
Latinoamérica”.
Desde
cuando Mosquera escribió esta frase, a finales del gobierno de Virgilio Barco,
hasta hoy, la empresa recolonizadora se ha ido consolidando y unos y otros gobiernos
alcahuetean la ignominia y el saqueo. Pero también se cumple que toda acción
trae su reacción y las clases y sectores a los que les importa la suerte del
país se levantan a defenderlo cada vez con más fuerza y tenacidad. Las
resistencias suben en calidad y cantidad. Trabajadores, campesinos,
industriales, empresarios agrícolas y pecuarios, estudiantes, viviendistas,
desplazados, mineros, transportadores, ambientalistas, grupos poblacionales,
toda Colombia sale a las calles y a las carreteras a reclamar sus derechos y a
exigir un cambio sustancial de modelo económico. El Polo es resultado de esas
resistencias, una forma elevada de ese proceso, una unidad política con
basamentos programáticos, organización y funcionamiento democráticos y con sus dirigentes
y tendencias férreamente cohesionados en el empeño de alcanzar las
transformaciones de fondo que demanda Colombia. Reafirmo hoy, ante todos
ustedes, que los moiristas seguimos estando orgullosos de militar decididamente
en el PDA.
Somos
ante todo un partido que adelanta una oposición consecuente contra los
gobiernos y las políticas que están provocando tantos y tan graves daños a la
nación colombiana, un partido con arraigo en los sectores populares y en
capacidad de convocar el apoyo de la clase media y el empresariado nacional a
sumarse a la inaplazable tarea de establecer un gobierno nacional y
democrático, que recobre la soberanía nacional, devuelva los derechos
conculcados a los trabajadores y al pueblo, que opte por desarrollar las
fuerzas productivas y explote para el bienestar de los colombianos nuestros
abundantes recursos naturales. Podemos hacer este llamamiento con la autoridad
que concede haber deslindado campos con la lucha armada y todas sus
degradaciones desde hace muchos años, y haber advertido a todos los sectores
sociales de los graves daños que le trae a la nación la pérdida de la soberanía
económica.
Estamos
iniciando la campaña electoral y en esa brega proselitista los estandartes
principales son nuestra candidata presidencial, Clara López Obregón, y las
listas de Cámara y el Senado encabezadas por Jorge Enrique Robledo, personajes
emblemáticos de la oposición cierta y contundente al gobierno de Santos, y cuyo
prestigio se agiganta con los días. En contraste, al presidente Santos se le
dificultan cada vez más sus pretensiones reeleccionistas por sus políticas
antinacionales, su obsecuencia con el gobierno de Estados Unidos y el
tratamiento autoritario de las protestas; y al uribismo le queda imposible
ocultar su adversidad por las negociaciones de paz y deslindarse del
neoliberalismo que aplicó cuando gobernaba con sus ex socios de la Unidad
Nacional. En el campo democrático se nota la vacilación de algunas fuerzas para
atacar al gobierno de Santos y desenmascarar su marrulla de atar las
conversaciones de paz a la reelección. Pero, además, el último llamamiento de
varias de esas organizaciones alternativas pone el improcedente apoyo al
alcalde Gustavo Petro como condición para la unidad.
El
Polo, por su parte, hace hincapié en lo programático, en el cambio de modelo
económico y en el contundente rechazo a la reelección de Santos. Y permitan ustedes
que precise: apoyamos con toda claridad las conversaciones de paz con las Farc
y pedimos establecer negociaciones con las demás guerrillas, pero nunca será a
cambio de apoyar la reelección de Santos. Los colombianos que anhelamos la paz
no tenemos por qué ser santistas.
Nuestra
propuesta avanza. De la última encuesta de Semana
podemos reivindicar que tenemos un 32%, que es la suma de Clara y Robledo, pues
a pesar de haber notificado a los medios la decisión de nuestro III Congreso, varias
de las encuestas siguen consultando el nombre de Jorge Robledo como candidato
presidencial y su resultado le suma a las preferencias por el Polo.
Toca
afinar la organización, adelantar con entusiasmo y amplitud la conformación de
listas para el parlamento, hacer con entusiasmo la campaña nacional de
afiliación y finanzas del Partido y continuar, sin desfallecer, en el
acompañamiento de las luchas y reclamos que distintos sectores de la sociedad
colombiana le plantean todos los días al gobierno de Juan Manuel Santos. Tenemos
la mejor candidata a la Presidencia de la República, los mejores parlamentarios
del país y una juventud fogosa y valiente. Acompañados de reconocidos
demócratas y dirigentes sociales que integrarán nuestras listas, salgamos
llenos de entusiasmo a trabajar sin descanso por sacar adelante una campaña
electoral victoriosa.
Al
iniciar nuestras tareas electorales, evoquemos el optimismo de Francisco
Mosquera en su última intervención pública, con motivo de la proclamación como
candidato al Senado del dirigente de la USO Jorge Santos, en 1994: “Y los
trabajadores de las tierras de Colón y Magallanes se hermanarán
inexorablemente. Lo puso de manifiesto el Tratado de Libre Comercio, que
rubricaran Estados Unidos, Canadá y México, y ante el cual los asalariados
estadounidenses protestaron con fiereza. En presencia de un enemigo común,
lenguaje común y lucha común. A medida que el imperialismo alarga sus
tentáculos se debilita afuera y adentro. Su derrumbe será inevitable;
ayudémoslo a que su desaparición sea rápida. Pese a los obvios apremios la
situación actual es excelente. Yo les aconsejaría que no pierdan la marea alta”.
Les
agradecemos este gesto fraterno con nuestra tendencia y le apostamos a que la
integración de la militancia del Polo vaya en ascenso para bien de la unidad
del Partido y para el éxito de las tareas que nos exige la lucha por la
soberanía y la democracia.
Gustavo
Triana, secretario general del Polo
Bogotá,
agosto 5 de 2013

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